Algo ocurre en el cine fantástico. Si esa obra maestra absoluta que era la sueca Déjame Entrar fue posiblemente la mejor película del año pasado, dos muestras de cine de superhéroes para adultos se han manifestado como pasos hacia delante en la intención de abrir nuevos escenarios a ciertas tendencias narrativas demasiado dependientes de las tradiciones. ¿Quién dijo que un señor ataviado con un traje y una máscara no podía ser la representación más certera del siglo XXI?
El trabajo de Zack Snyder no era nada fácil. Vale mucho la pena ver la versión “uncut”; esta versión extendida ronda las tres horas de duración pero acerca de una manera más asequible y completa la complejidad de unos personajes que no tienen alternativa a lo que son, que hubieran preferido estar en otro sitio pero que saben que los rincones donde solían esconderse ya han ardido.Un dios creado por los hombres nucleares, una hija de seda bastarda a la que ya no quedan historias que contar, un búho burgués sin motivos para volver a ser un hombre, un filántropo que sólo consigue cuidar lo que quiere dejándolo morir, un cowboy violento y salvaje que se ahoga en sus peores pecados. Todos ellos viviendo en una sociedad que ha decido prescindir de sus servicios.
Pero entre ellos, el mejor es Rorschach, ese ser peligroso que sólo se disfraza cuando muestra su rostro. Fascista, misógino, cruel, asesino, implacable. Animal en estado terminal a causa de una enfermedad de cura imposible; pensar que la justicia sólo puede llevarse a cabo si no abandonas tus ideales.
La dimensión de Rorschach supone un análisis muy profundo de las teorías absolutistas, evitando caer en las trampas del maniqueísmo pero sin mostrar compasión por el monstruo. Existencialismo derrotado por una lucha equivocada, representado en el hallazgo portentoso de su máscara, donde el blanco el negro parecen perseguirse sin encontrarse nunca. La lucha de unos extremos que están condenados al enfrentamiento, a eliminarse el uno al otro